Articulos Informativos

EL SUICIDIO EN PERSONAS DE EDAD AVANZADA

ES PREVENIBLE

Introducción

El suicidio es un problema social y de salud pública de enormes proporciones puesto que es una acción que pone en peligro a la población.  Actualmente se encuentra entre las primeras diez causas de muerte en el mundo.  En el 2004, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que cada 40 segundos una persona comete un acto suicida en el mundo y que la suma de estas muertes es aproximadamente un millón de víctimas al año.  También, estima que hay de 10 a 20  intentos de suicidio adicionales, lo cual supone que las cifras son más altas.  Según la Ley Núm. 227 del 12 de agosto de 1999, conocida como la Política Pública en Prevención del Suicidio, expone que el suicidio es la manifestación más extrema de la violencia por ser la violencia auto-infligida.  Es la violencia contra sí mismo y contra los demás. 

Además, esta Ley reconoce la magnitud del problema e indica que la prevención es una herramienta efectiva que puede reducir la gran cantidad de personas afectadas y traumatizadas por la experiencia de muerte por suicidio.  La exposición de motivos de la Ley enfatiza que la prevención reducirá los costos de servicios de salud, de servicios sociales y de servicios de rehabilitación, entre otros.  Cabe señalar que muchas muertes por suicidio son prevenibles, pero para lograr esto es necesario proveer servicios de apoyo, identificación temprana, intervención y manejo especializado.  La Ley destaca que es indispensable adoptar un enfoque integrador e interdisciplinario orientado a personas, familias, comunidades en riesgo y a los/as profesionales de ayuda.      

El suicidio es un grave problema de salud pública porque es una acción que pone en peligro a la población.  Esto implica que organizaciones, grupos e instituciones deben igualmente responsabilizarse por el problema de suicidio, debido a que no se debe ver solo como una problemática individual (Merino, 2007).  Este autor señala que  “la salud pública tiene la gran responsabilidad social de promover el desarrollo pleno y sano de los individuos y las comunidades en las que ellos/as se insertan” (p.4.).  Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2003), la salud pública es un recurso valioso en repuesta a la violencia. Es decir, “La salud pública se caracteriza  por la importancia que concede a la prevención. En lugar de aceptar simplemente la violencia o reaccionar ante ella, su punto de partida es la seguridad de que el comportamiento violento y sus consecuencias pueden prevenirse” (p.4).   El suicidio constituye un problema de salud pública muy importante,  porque el mismo representa casi la mitad de todas las muertes violentas, lo cual significa casi un millón de víctimas al año (OMS, 2004).  La salud pública responsabiliza a todos los sectores de tomar acción y dar prioridad a la prevención del suicidio (OPS, 2003).  El suicidio debe ser visto como un problema de salud en un contexto colectivo en el cual se busquen diversos enfoques de intervención para prevenir, disminuir o evitar dicha problemática. 

También, el suicidio es un problema social porque tiene múltiples causales sociales que afectan la sociedad en general.  Algunos de los causales sociales que pueden provocar que personas en diferentes partes del mundo terminen quitándose la vida son: la pobreza, el desempleo, la pérdida de los seres queridos, una discusión, la ruptura de las relaciones y problemas jurídicos o laborales (Reyes y Trujillo,1999).  Además puede tener gran influencia en este desenlace; los antecedentes familiares, el abuso de alcohol, los maltratos en la infancia, el aislamiento social y determinados trastornos mentales tales como la depresión y la esquizofrenia, entre otros (López, 2006).  Por lo cual no se debe determinar que el suicidio se da solo por una razón.  Pueden existir muchas razones para que una persona termine quitándose la vida. 

Definiciones

Según Rosario, Suro y Castro (2008), etimológicamente la palabra suicidio resulta de la unión de las palabras latinas “sui” (sí mismo) y  “caedere” (matar), siendo su significado literal: la acción de  matarse a sí mismo/a.  Quien decide matarse se coloca ante una muerte particular, una muerte decidida y programada.  La OMS (2006) indica que el comportamiento suicida es un amplio espectro de conducta que no sólo incluye la muerte o acto de quitarse la vida de manera voluntaria, sino que además incluye la idea, amenaza  e intento.  Por idea se refiere al pensamiento presente de matarse, morirse o quitarse la vida.   Por otro lado, la amenaza es una idea verbalizada, es la comunicación de los deseos de matarse o el aviso.  El intento es cualquier acción que ponga en peligro la vida de la persona y que puede provocar la propia muerte pero que no logra su objetivo.  El acto de suicidio hace referencia a que una persona se haya causado intencionalmente su propia muerte.  Por esta definición podemos entender que cuando hablamos de suicidio no podemos verlo simplemente como el acto de la muerte auto infligida (consumada), sino que este tema también abarca otros comportamientos.  Esta Organización en el 2006 indicó que el suicidio es el resultado de una compleja interacción de factores biológicos, genéticos, psicológicos, sociológicos, culturales y ambientales. 

En las estadísticas de suicidio muchas veces solo se contempla el acto consumado.  Sin embargo, los intentos de suicidio se deben tomar también en consideración en las estadísticas.  El comportamiento suicida comienza por la ideación de autodestrucción, denotándose en las amenazas, el gesto, el intento y el hecho consumado (Pérez, 2005).  Como ya hemos visto, antes de que el suicidio se lleve a cabo existen diversas manifestaciones que deben ser exploradas.  Cabe señalar que las amenazas verbales o escritas pueden expresar el deseo de matarse.  Cuando la amenaza ocurre puede ser porque la persona tiene a su alcance los medios para lograrlo.  Es importante aclarar que el intento suicida es también llamado, el parasuicidio.  El intento de suicidio es más frecuente en la población juvenil y el género femenino es quien más intenta suicidarse en esta etapa de desarrollo.  Los métodos que estos/as más utilizan son los no violentos, principalmente la ingestión de fármacos o sustancias tóxicas.  Sin embargo, en los/as adultos/as el suicidio es más común en los/as ancianos/as, especialmente del género masculino y se ha encontrado que los métodos más utilizados son los violentos, como las armas de fuego, el ahorcamiento, el fuego, entre otros (Pérez, 2005).    

Vulnerabilidad a cometer suicidio en la etapa de la vejez

El suicidio afecta a todas las poblaciones desde la etapa de la niñez hasta la etapa de la vejez.  Sin embargo, uno de los grupos más vulnerables a cometer suicidio son las personas de edad avanzada.  Entendemos que la vejez es uno de los períodos de vida del ser humano menos comprendido y más negligentemente tratado por la sociedad y aun por muchos/as profesionales de la conducta humana.  Este período implica cambios muy importantes en términos físicos, emocionales, cognoscitivos, sociales y psicológicos.  La vejez es una etapa natural que se refiere a los cambios que ocurren a través del ciclo de la vida.  El proceso que están viviendo las personas de edad avanzada es natural, gradual, de cambios y transformaciones a nivel biológico o físico, psicológico y social que ocurren a través del tiempo (Sánchez 1999).  Estos cambios se ven reflejados en el aspecto biológico porque ocurren cambios en la apariencia física, declinación gradual del vigor y pérdida de la habilidad física. Dichos cambios merman la resistencia a enfermedades y permiten la vulnerabilidad a padecimientos por condiciones ambientales.  Por otro lado, en el aspecto psicológico pueden verse afectados los procesos sensoriales, procesos perceptuales, las destrezas motoras, el funcionamiento mental, la personalidad, las emociones, las motivaciones y el envejecimiento cognitivo.  En el aspecto social, la persona de edad avanzada puede sufrir cambios en los hábitos sociales, relaciones con su ambiente, familiares, amigos/as, dentro de organizaciones recreativas y de interacción social.

Esta etapa puede ser difícil para las personas de edad avanzada debido a que fueron independientes, ágiles, saludables y comienzan a ser dependientes, a enfermarse y sus fuerzas ya no son las mismas.  Según Alvira (2003) en algunas ocasiones las personas de edad avanzada dependiendo de su condición y nivel de funcionalidad requieren de supervisión para realizar sus tareas diarias.  Estas tareas incluyen la ingesta de medicamentos y alimentos, el aseo y el arreglo personal.  Cuando estos aspectos no pueden ser supervisados por alguien cercano/a, la persona de edad avanzada suele ser ubicado/a o se ubica en un hogar sustituto, égida, casa de salud, asilo u otro lugar de acuerdo a sus necesidades.  En este nuevo hogar la persona de edad avanzada será supervisada según su nivel de dependencia.

Los cambios que ocurren durante la etapa de la vejez pueden hacer que estas personas se sientan inservibles, rechazadas por sus seres queridos e incluso un estorbo.  Esto puede dar paso a que comience a ver el suicidio como una alternativa para dejar de ser  un problema u obstáculo para sus seres queridos (Alvira, 2003).  Por otro lado, según Vidal (1999) nos dice que las tentativas de suicidio son menos frecuentes en las instituciones que en el domicilio particular o en las casas de familia. Se debe tener en cuenta si el ingreso a la institución fue voluntario o se produjo en forma compulsiva.  Considerando seriamente la sensación de desarraigo y el sobre esfuerzo de adaptación que implica la institucionalización para este tipo de población (Vidal, 1999). 

Estadísticas de suicidio

Las estadísticas oficiales  que existen a nivel mundial  sobre el suicidio reflejan que  es un problema en progresivo ascenso de consumaciones.  La prevalencia de suicidios en países desarrollados y en vías de desarrollo ha aumentado en un 60 por ciento durante los últimos 45 años.  Según, Parrilla (comunicación personal, 20 de octubre de 2007)  informó que por cada acto suicida existen entre veinte (20) a trecientos (300) casos con intentos suicidas. Esto nos muestra la magnitud de esta problemática en Puerto Rico. 

Según la Policía de Puerto Rico, División de Estadísticas (2008) se reportaron 273 casos de muerte por suicidio en el país.  De esos 273 casos reportados de muerte por suicidio, 79 fueron de personas de edad avanzada. Según las estadísticas reportadas, 19 de estos casos han sido entre la edades de 60-64 años. Sin embargo, sesenta (60) de estos casos  de suicidio han sido en personas de edad avanzada con  65  años o más.   Según podemos observar, las estadísticas disponibles no recogen toda la realidad sobre la magnitud del comportamiento suicida, en especial, en las personas de edad avanzada en Puerto Rico.  Además, nos muestran que es un fenómeno real que está afectando el bienestar  social de las personas en edad avanzada y por ende, de nuestra sociedad. 

Estas estadísticas son significativas si consideramos  que en la actualidad esta población es la de más rápido crecimiento. Según la Procuraduría de las Personas de Edad Avanzada (2008) en su informe sobre el Perfil Demográfico de la población de sesenta años o más en Puerto Rico, mencionan que  la proporción de personas de edad avanzada ha ido en aumento a través de los años debido a tendencias que se vinculan a cambios en las variables demográficas de natalidad, mortalidad y migración.  En la actualidad se están dando unos movimientos migratorios donde las personas jóvenes emigran al extranjero para ampliar sus oportunidades económicas, mientras las personas adultas mayores que por muchos años vivieron en Estados Unidos regresan a la Isla a pasar sus últimos años de vida.    Por otro lado, según  la Procuraduría de las Personas de Edad Avanzada (2008) en Puerto Rico deben haber 746,168 personas en este grupo poblacional, lo cual representa un 18.8% de la población total.  Por tal razón,  se considera que una buena parte  de la población puertorriqueña es anciana, debido a que más de un 10% de la población tiene más de 60 años.

Según  la Procuraduría de las Personas de Edad Avanzada (2008)  el número de  suicidios en las personas de edad avanzada continúan en aumento y se pronostica que para el año 2030 se duplicarán estas estadísticas.  Esto se debe en gran parte a que la generación de los/as “baby boomers” tendrán aproximadamente 65 años en o antes del 2011 y serán parte de esta población que enfrenta cambios y exigencias ambientales difíciles de manejar.  Considerando que estos cambios promueven mayores incidencias de depresión, esto puede  incrementar la posibilidad de que  aumente los casos por suicidio. Según la OMS (2006) la depresión está ampliamente reconocida como el principal factor de comportamiento suicida al final de la vida. Alvira (2003) explica citando otros estudios que para el 1996 de cada 100,000 ancianos/as en Estados Unidos mayores de 85 años, 65.4 personas de estas edades se suicidaron. En este estudio, se confirma que en ancianos/as, tanto las ideas suicidas como los intentos de suicidio o el acto de haberse quitado la vida ocurre mayormente en el contexto de la depresión.  Además según  Mcintossh, Santos, Hubbard y  Overholser (1994) la depresión  es una de las frecuentes condiciones asociadas  con el suicidio. 

 Según Alvira (2003) los/as ancianos/as americanos/as de 75 años o más de zonas industrializadas poseen las tasas de suicidio más altas.  Arbore (2001) indica que en Estados Unidos cada 85 minutos un/a anciano/a de 65 años o más comete suicidio.  Añade que por cada 100,000 personas hay 24 suicidios en ancianos/as.  Para el 1989 el suicidio en personas de 60 años o más era la causa número 14 de muerte en los Estados Unidos, aproximadamente. 5,728 ancianos/as cometían suicidio cada año.  En el 1994 en Estados Unidos la cifra aumentó a 6,008 suicidios en la población de 65 años o más lo que significa que 16.5 suicidios ocurren diariamente.   En los últimos cinco (5) años se ha visto un aumento significativo en las estadísticas de suicidio con las personas de edad avanzada.  Conwell (2001) indica que existe una contradicción entre la elevada tasa de suicidio en la población anciana, mientras  que el número de intentos en la misma es baja.  Según la literatura, esta población no tiende a cometer múltiples intentos suicidas en esta etapa de vida.  Esto nos refleja que las personas de edad avanzada no sólo intentan suicidarse, sino que lo hacen para logarlo.  Se conoce que a medida que se  eleva la edad tienden a disminuir los intentos y a incrementarse la letalidad de lo que lo logran (Reyes y Sánchez, 1999). Las estadísticas antes mencionadas muestran el nivel de alerta que debe haber para generar políticas de salud y políticas sociales que encuentren solución a cómo manejar estos casos y reducirlos. 

Teoría Psicosocial de Desarrollo Humano de Erickson

Teniendo en cuenta no solo las estadísticas, sino la etapa de desarrollo de esta población es que enfatizamos en que es una población vulnerable a cometer suicidio.  La vejez puede ser una etapa difícil debido a que es la última del ciclo vital y la persona se puede sentir satisfecha o frustrada (Papalia, Olds y Feldman, 2004).  Estas personas pueden  comenzar a sentirse una carga para sus familiares y comenzar a sentir sentimientos de soledad y desesperanza.  De acuerdo a la Teoría Psicosocial de Desarrollo Humano de Erickson la vejez es una etapa de la vida donde los asuntos principales son la Integridad vs Desesperación.  Las personas en la adultez tardía alcanzan el sentido de aceptación de la propia vida, lo cual permite la aceptación de la muerte; en caso contrario caen en la desesperación.  Cuando la persona se encuentra en esta etapa hace una retrospección de sus logros y fracasos, éste/a tiende a preguntarse qué significado tuvo en su vida.  No todos los recuerdos son buenos para la salud mental, las personas peor adaptadas son las que piensan solamente en eventos negativos y que según Papalia, et. al. (2004) “están obsesionados/as por el remordimiento, la desesperanza y el temor a la muerte”.  Esto es lo que Erickson llama que la integridad del yo ha cedido el paso a la desesperanza. 

Factores de riesgo

Esto quiere decir que las personas de edad avanzada podrían estar en riesgo de exhibir comportamiento suicida. Algunos factores de riesgo son los siguientes: pérdida de un ser querido, enfermedad terminal, depresión, soledad, jubilación, uso de alcohol y droga, maltrato, desesperanza, enfermedad mental, institucionalización, entre otros (Alvira, 2003).  Estos factores de riesgos desempeñan un papel crítico para que la persona de la tercera edad se suicide.  Según los Institutos Nacionales de Salud Mental, el principal factor de riesgo en  suicidio en ancianos es la depresión.   Las estadísticas indican que 50-60 por ciento de las personas que se suicidan o intentan suicidarse padecen de trastornos depresivos (De Leo y Diekstra, 1990).  Indica Goldberg (2007) que “la depresión no es parte normal del envejecimiento” (p.3).  Si la depresión es ignorada y no se trabaja, al igual que a los otros factores de riesgos no se les presta la atención necesaria, no se puede realizar prevención de manera efectiva.

Características del suicidio en las personas de edad avanzada

Como hemos señalado, el suicidio en las personas de edad avanzada tiene unas características únicas que lo diferencian de esta práctica en los otros grupos de edades.  Lo más sobresaliente es que en esta etapa las personas están más determinadas a morirse (De Leo y Diekstra, 1990).  Este autor señala que generalmente el suicidio en las personas de edad avanzada es visto como una persona que no es largamente productiva socialmente, ni económicamente.  Socialmente se visualiza como alguien que estaba listo para terminar sus días en la tierra.  Al contrario, cuando se suicida una persona joven lo ven mucho más funesto y dicen “le quedaba tanto por vivir”.  ¿Es que acaso en la ancianidad aún no quedan experiencias por vivir y cosas por hacer? 

Este autor señala que las personas de edad avanzada en comparación con otros grupos poblacionales utilizan también métodos más pasivos.  Esto representa una dificultad para que los/as profesionales de ayuda puedan evaluar los deseos de morir de la persona anciana.  Algunos ejemplos son: rehúsan comer, no completan el tratamiento, dejan de realizar actividades que antes le daban satisfacción, no asisten a sus citas médicas, no toman sus medicamentos, entre otras cosas.  Según este autor  “muchos autores lo consideran como una de las causas más importantes para sobre-estimar los suicidios en las personas de edad avanzada” (p.190).   Osgood (1992) indica que en un estudio nacional de suicidio realizado en instituciones de cuidado prolongado solo un por ciento de las instituciones reportó suicidio.  El resto indicó que las personas ancianas eligieron métodos pasivos, como métodos de suicidio.  Esta autora señala que los adultos mayores institucionalizados son “más frágiles físicamente, cognoscitivamente perjudicado, y solteros.   Han sufrido la pérdida de casa y posesiones, dinero, intimidad, libertad, independencia, y autonomía” (p.19).  Las personas de edad avanzada que viven en hogares de ancianos/as y otras instalaciones de cuidado prolongado, muchos de ellos/as de 75 años o más, están en el alto riesgo de matarse (Osgood, 1992).

La intención suicida puede estar con frecuencia presente junto con varios trastornos mentales y físicos, como dolor crónico, enfermedad terminal, cognoscitivo y habilidades  motoras (Mcintosh, Santos, Hubbard y Overholser, 1994).  Esta misma autora indica que las personas mayores pudieran estar completamente decididas a matarse, por lo cual están más propensos a completar sus amenazas.  Un estudio reveló que  el 33 por ciento de las personas de edad avanzada que se suicidaron tenían una enfermedad psiquiátrica, un 29 por ciento habían anteriormente intentado suicidarse y un 13 por ciento tenían historial de suicidio en su familia (De Leo y Diekstra, 1990).  Osgood (1992) señala que la enfermedad los lleva a sentirse con dolor, debilitamiento y desmejoramiento, dado que el suicido puede representar una alternativa racional para terminar con el stress y la dependencia.   

Es lamentable observar como nuestra sociedad tiene una actitud de rechazo y desvalorización a la vejez.  Sánchez, Orozco y Onetto (2007) expresan que las personas de edad avanzada tienen la idea de que no pueden imaginar su futuro porque lo ven como algo inseguro.  Lo cierto es que en los Estados Unidos y la mayoría de los países occidentales industrializados, la tasa de suicidio aumenta con la edad (Glass y Reed, 1993).  Las personas de edad avanzada están en mayor riesgo de suicidarse  que cualquier otra población.  Por tal razón, el suicidio en las personas de edad avanzada se ha convertido en un problema de gran divergencia entre las naciones (De Leo y Diekstra, 1990). 

El suicidio en personas de edad avanzada es prevenible

El tema de la prevención del suicidio en las personas de edad avanzada es un tema sumamente importante por ser un problema de salud pública de grandes proporciones.  El mismo debe ser considerado con prioridad debido a que es un problema que se puede prevenir.  Es importante entender e implementar las medidas de prevención, incluyendo las estipuladas en la Ley Núm. 227 de 1999 de la prevención del suicidio.  La prevención de este acto no se debe visualizar exclusivo de las instituciones de salud mental, sino también de otros/as profesionales, la comunidad eclesiástica y la comunidad en general.  En la medida que mayor cantidad de personas conozcan que hacer cuando tiene una persona en riesgo de suicidio, mayor será la probabilidad en evitar que se autolesione.  El tema de prevención debe ser prioritario en la sociedad en general y esto incluye a las iglesias.  Según Anderson y Jenskins (2005) el suicidio es claramente una preocupación mayor a nivel mundial.  Lo interesante sería preguntarnos si es tan importante ¿Por qué aun las estadísticas de suicidio continúan en aumento en las personas de edad avanzada? 

Este artículo plantea la necesidad existente de alcanzar el reto de prevenir el suicidio en las personas de edad avanzada.    Esto repercutirá en poder identificar a las personas ancianas en riesgo de comportamiento suicida (Cooper, 2006).   

Conclusión

La población de las personas de edad avanzada es una población vulnerable a al comportamiento suicida.  En esta etapa, las personas de la tercera edad sufren las pérdidas de sus seres queridos, amigos cercanos, trabajo, entre otras cosas.  Es lamentable que un sector considerable de la sociedad piense que los/as ancianos/as desean morirse o que son inservibles.  Tenemos una responsabilidad y compromiso de propiciar actividades que fomenten lo contrario.  La iglesia tiene la oportunidad de tener contacto directo con esta población, ya que en todas las iglesias y las comunidades adyacentes a la misma viven personas de la tercera edad.  La iglesia se puede desenvolver  como agente de cambio desarrollando actividades que puedan resultar en el bienestar psicológico, social y espiritual de las personas de edad avanzada.  Osgood (1992) indica que  “El rol de las actividades de arte creativa es significante como un contribuidor potencial para satisfacción de vida y salud sicológica del viejo/a”.  Además, la iglesia se debe involucrar en  actividades de formación educativas donde se adquieran las herramientas necesarias para manejar adecuadamente esta problemática.  Cabe señalar, que muchas congregaciones tienen como miembros/as a profesionales de la conducta humana los cuales pueden desenvolverse en actividades preventivas dentro de la congregación.  Dichos profesionales tienen los conocimientos  para poder identificar los indicadores que pudieran ser señales de advertencia ante un comportamiento suicida.  Esperamos que este articulo haya estimulado la reflexión de los/as lectores sobre la importancia de realizar prevención con esta población en riesgo de comportamiento suicida.  No debemos olvidar que el suicidio en personas de edad avanzada es prevenible.  Por tal razón, debemos tomarnos el tiempo para observar, saludar, dialogar y visitar a las personas de la tercera edad que conocemos.  Esto pudiera ser un paso inicial para la prevención.   

Nota: Si usted ha observado a alguna persona de cualquier edad con comportamiento suicida (pensamientos o intentos), favor de comunicarse a la Comisión para la prevención de suicidio al 787-765-2929 para buscar ayuda profesional.  Si es una emergencia favor de comunicarse a la Línea PAS al, 1-800-981-0023 donde también pueden darle mayor información sobre esta problemática. 

Por: Ruth E. Rodríguez Valentín, MTS

        Adriani Cartagena Ocasio, MTS

 

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